Llegar a Roma siempre me provoca un mix de sensaciones extremas y opuestas . Por un lado un insoportable declive , la ausencia absoluta de aparencia de sentido común. Paso en frente al Teatro Valle ( cerrado) , el Cinema Aquila (cerrado ) al viejo SCUP ( demolida por las excavadoras ) , me dirijo a la conferencia de prensa en el centro Baobab amenazado de desalojo y en seguida cerrado el domingo pasado .

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Una especie de voluntad ciega de hacer tierra quemada y crear el vacío ( pero tal vez no hay ni siquiera eso ) , junto con la incapacidad colectiva del momento para evitar que esto se cumpla .

Entonces me molesta ver a mi ciudad que cada día más pierde su espíritu popular en favor de un inaguantable glamour radical-chic.Tan remedando de parecer ridículo. Me entristece andar entre las caras cansadas, deprimidas , bellaca, escuchando insultos a cada esquina . ( No hace falta encarnizarse sobre el tema transporte)
Despues hago una sesión de box al gimnasio popular del Quadraro, me paso a Acrobax y veo los avances de la taberna Lunfarda , escucho a los voluntarios del centro Baobab que dicen ” no nos iremos de aquí y si será necesario seguiremos en la calle, ” lo celebro con un sano “trash” losa tres años de la ocupación del Alexis . Me doy cuenta de que esta ciudad se dobla pero no se rompe. Que llos germenes de la resistencia nunca se extinguen , se refugian en la tenacidad de algunos compañeros incansables y agachan en algunos lugares : un antiguo garaje, un Canódromo, un apartamento o una comunidad social. Y sólo en Roma se puede coger el teléfono , contar una idea con unos días de antelación y encontrar a alguien del otro lado dice ” famolo Daje ! ” Y entonces se hace.

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Así es que con toda la prissa ha nacido el evento “Roma llama Lesbos “, en colaboración con la Asociación Marmorata 169 . Hemos hablado de lo que pasa en las islas del Egeo , escuchado la historia de Mariangela Paone , periodista de “El Español “, que estube en Lesbos el septiembre pasado cuando produjo un reportage sobre cómo nació el movimiento de los voluntarios en la isla. Comimos griego y recogimos 300 euros para llevarlos a las islas. Cosas pequeñas pero importantes sobre todo porque compartidas con amigos y compaños viejos y nuevos .

Y empiezo a preguntarme si ” amo odiar ” o ” odio amar ” mi ciudad . !Yo que se!

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